Su voz, se podría decir que calma hasta a la peor de las fieras. Da paz, calma y enciende en su justa medida.
Su cuerpo, su piel, sus manos, les puedo asegurar que guardan mis mejores momentos. Ella fue testigo y causa de mis más grandes alegrías. Y su boca, sus labios, son como esa droga que una necesita siempre cerca, para estar mejor.
Su nombre...su nombre verdadero me lo guardo para mí, pero les puedo decir que hasta su nombre guarda encanto, misterio, dichas e historias que son dignas de admirar y de recordar. Entre nosotros, por ahora, digámosle: Áuril.
17 años tenía cuando la conocí personalmente la primera vez. Más bien, la primera vez que nos encontrábamos, las dos, para ir a cierto lugar. Muchas veces la había visto, en recitales, pero nunca la conocí como aquel día de Junio.
Áuril era la ex novia de una amiga mía, Candela. Y, además, amiga mía. Las tres pasábamos por problemas y situaciones parecidas, nos hicimos amigas por eso.
Yo tengo bastante experiencia en engancharme de mis amigxs, pero de ella nunca sospeché.
Hasta ese Junio de 2014.
Suena mal, suena casi oportunista, porque sé que ese Junio para ella fue fatal y significa más que un simple mes. Para mí también, ojo, fue horrible: Ese Junio quise morir mil veces, pero adentro mío crecía un sentimiento que me iba a dar mil razones para seguir.
Yo...describirla a ella fue tan fácil y ahora me encuentro frente al monitor pensando qué decir de mí misma.
Siempre fui así, conozco mucho más a la personas que amo que a mí misma. Y eso que hace casi 21 años que convivo conmigo, eh.
Yo sí les voy a dar mi verdadero nombre, Ailén. No tiene muchos misterios ni cosas atractivas. Es simple, cinco letras y está todo a la vista. Así soy yo (o así me considero) muestro todo, doy todo, entrego todo lo que tengo (inclusive lo que soy). Sin tantos misterios.
Tengo el pelo corto, mi color natural es castaño o rubio o una mezcla de ambos, nunca supe bien, pero me teñí de negro. Ojos claros, que, para mí, nunca transmitieron muy bien las cosas. Una sonrisa casi gastada, odio mi sonrisa. Siempre la odié (¡y mi risa! es horrible, a veces me avergüenza). No mido más que 1.60 mts.
Algo triste y con muchos mambos perdidos en mi cabeza. Me considero una persona que constantemente buscó alguien a quién amar, pero nunca había encontrado alguien que la amara.
Amante de la música y, en una época bastante larga de mi vida, con más pastillas que sangre en el cuerpo.
Fue en ese entonces que la conocí. Yo no me acuerdo de ella: vivía adormecida y apenas era consciente de mi alrededor. Ella, en cambio, me dice que nos saludamos, nos abrazamos y hasta incluso charlamos. Lamentablemente, no puedo recordar nada de eso.
Es hasta el día de hoy que me pregunto qué hubiese pasado si yo me acordara de ese día, del Junio del 2013 (que loco, ¿no?), del Luna Park. Quizás si en ese entonces hubiese estado lo suficientemente despierta, las cosas se hubiesen dado de cierta manera y las dos, tanto ella como yo, nos hubiésemos ahorrado varias noches tristes. O quizás no, quizás las cosas así se tuvieron que dar, quizás ese no era el momento y el tiempo y mi enfermedad nos prepararon para que, un año después, nos podamos encontrar mejor. O, mejor dicho, yo la pueda descubrir mejor.
Siempre fui así, conozco mucho más a la personas que amo que a mí misma. Y eso que hace casi 21 años que convivo conmigo, eh.
Yo sí les voy a dar mi verdadero nombre, Ailén. No tiene muchos misterios ni cosas atractivas. Es simple, cinco letras y está todo a la vista. Así soy yo (o así me considero) muestro todo, doy todo, entrego todo lo que tengo (inclusive lo que soy). Sin tantos misterios.
Tengo el pelo corto, mi color natural es castaño o rubio o una mezcla de ambos, nunca supe bien, pero me teñí de negro. Ojos claros, que, para mí, nunca transmitieron muy bien las cosas. Una sonrisa casi gastada, odio mi sonrisa. Siempre la odié (¡y mi risa! es horrible, a veces me avergüenza). No mido más que 1.60 mts.
Algo triste y con muchos mambos perdidos en mi cabeza. Me considero una persona que constantemente buscó alguien a quién amar, pero nunca había encontrado alguien que la amara.
Amante de la música y, en una época bastante larga de mi vida, con más pastillas que sangre en el cuerpo.
Fue en ese entonces que la conocí. Yo no me acuerdo de ella: vivía adormecida y apenas era consciente de mi alrededor. Ella, en cambio, me dice que nos saludamos, nos abrazamos y hasta incluso charlamos. Lamentablemente, no puedo recordar nada de eso.
Es hasta el día de hoy que me pregunto qué hubiese pasado si yo me acordara de ese día, del Junio del 2013 (que loco, ¿no?), del Luna Park. Quizás si en ese entonces hubiese estado lo suficientemente despierta, las cosas se hubiesen dado de cierta manera y las dos, tanto ella como yo, nos hubiésemos ahorrado varias noches tristes. O quizás no, quizás las cosas así se tuvieron que dar, quizás ese no era el momento y el tiempo y mi enfermedad nos prepararon para que, un año después, nos podamos encontrar mejor. O, mejor dicho, yo la pueda descubrir mejor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario