Cuando unx es adolescente, el sueño siempre es ser “anormal” y únicx; destacarse del resto por algo, malo o bueno. No importa, pero destacarse de entre lxs demás.
Yo, obviamente, no fui la excepción.
Todavía no entiendo el por qué de alguna elecciones que tuve en mi vida, pero sé que soy responsable de todas las cosas malas que me pasaron. Y todas las cosas malas que me pasaron, son de esas que te dejan una huella imborrable, de las que no sólo te cambian la vida, sino también la personalidad y hasta te pueden llevar a la locura.
Mi (ex) psicóloga llamó mi “problema” de muchas formas antes de darme un diagnóstico final y, más o menos, certero. Fue mi psiquiatra quien, después de pasar por varios nombres raros de trastornos, me explicó de forma acotada lo que padezco: Trastorno Límite de Personalidad (o Borderline) (no logro acordarme bien qué relación hay con la Bipolaridad en mi caso particular), depresión, trastornos de ansiedad, etc. ¿Qué es eso? Mucho no entiendo, o no quiero entender. Sé que en lo único en lo que soy constante, es en el cambio. Que hay veces que una ira descontrolada me lleva a enojarme demasiado, sin razón. Otras en las que una alegría tremenda se me apodera del cuerpo y nadie me para. Y otras, en mi caso, la mayoría: Una angustia y tristeza arrolladora me lleva por delante y me destroza en segundos.
No. No piensen que “eso le pasa a cualquiera”. Acuerdense, Trastorno LÍMITE de Personalidad. Llevamos todo al límite: La muerte, al límite. La vida, al límite. El amor, al límite. La cordura, al límite.
Ése es mi lugar: El límite de la cordura con la real locura.
Dicen que lxs neuróticxs son aquellxs que construyen castillos en el aire; y lxs psicóticxs lxs que viven en esos castillos. Bueno, yo los construyo y vivo ahí de vez en cuando.Les voy a explicar:
No me acuerdo casi nada de mi infancia. Mi primer recuerdo es a los 12 años, cuando me hice mi primer corte en la muñeca. Muchos más le siguieron. Años más tarde empecé a hacerlo de forma inconsciente: En un momento estaba sintiéndome mal en algún lugar “x” y después aparecía encerrada en un baño con las muñecas cortadas; sin recordar nada de lo que pasó en ese tiempo. Más tarde llegaron las voces que incitaban a hacerme daño (y alguna vez a hacerle daño a alguien más) que me llevaron más al límite: No me cortaba sólo los brazos, sino también las piernas, panza, manos y pecho. No sólo me cortaba, me quemaba. A esto le siguieron las presencias, las alucinaciones, los brotes psicóticos que más de una vez me dejaron en la guardia psiquiátrica de la Institución a la que iba todas las semanas. Me medicaron. Me medicaron tanto que no podía mantenerme en pie o más de dos horas sin dormirme. Tomaba 4-5 pastillas en cada franja horaria del día, y a la noche más: Casi 20 pastillas al día. Me medicaron tanto que desarrollé algo así como una adicción al antipsicótico que me habían recetado. Lo amaba, lo amo todavía.. Llegaron a ingresarme por repetidos intentos de suicidio. 7 en mis 21 años de vida.
Y ¿saben qué es lo peor? Saber que no soy normal y que nunca voy a serlo. Que ese “sueño” de aquella adolescente se cumplió y es horrendo. Sé que siempre voy a ser esto: Los restos de la que supe ser, las partes rotas de la mina alegre que algún día fui. Me extraño ¿saben?. Me extraño más de lo que puedo decirles. Extraño la sonrisa y la predisposición que siempre me caracterizó. Hoy ya no soy eso y nunca lo voy a poder ser. Me rompí, todo lo que me pasó me rompió. Y no hay arreglo posible.