domingo, 13 de diciembre de 2015

Morir es olvidar.

Un día, sin razón o con alguna que todavía no pude descubrir, me topé con la escritura como método para descargarme.
La usé y la uso de una manera tan cuidadosa que roza lo místico: No todo es digno de ser escrito, pero todo lo que escribo, es digno de ser leído y revivido cada vez que tenga ganas.
Escribo para mí, para alguna que otra persona que -quizás- lea esto.
Escribo para no morirme y para no olvidar.
¿Hay algo más parecido a morir que el olvido? Creo que no.
Ustedes no lo saben y yo sé poco de ese tiempo, pero tengo tantos huecos en mi memoria, que todo lo que sienta importante, lo tengo que escribir. No quiero olvidarme nada más, no quiero olvidarme de mí.
Somos momentos, somos instantes y somos acciones.
Yo no recuerdo muchas cosas y quizás por eso mismo ya no sea esos momentos.
Ojalá ya no sea esos momentos.
Ojalá nunca vuelva a ser esos momentos.